domingo, noviembre 13, 2016

Suites Imperiales

Desde que me enteré que Bret Easton Ellis había escrito una secuela de Menos que Cero, y especialmente desde que dijo que si era llevada al cine le gustaría que Robert Downey Jr. volviera a interpretar a Julian, que me entraron muchas ganas de leer Suites Imperiales. En general tengo muchos problemas con lo que escribe Easton Ellis porque es demasiado gráfico, pero me fascina su estilo narrativo y en su momento Menos que Cero me gustó bastante, más teniendo en cuenta que fue su primer libro y que lo escribió muy joven.

En Suites Imperiales comprobamos qué ha sido de la vida de los protagonistas de Menos que Cero veinticinco años después. Ahora Clay es un guionista de éxito que vuelve a Los Ángeles para participar en el cásting de una película que está escribiendo, adaptación de una novela muy popular. Allí se reencuentra de nuevo con sus viejas amistades: su ex-novia Blair, ahora casada con Trent, Julian, que ha dejado atrás sus problemas con las drogas, su antiguo camello Rip, irreconocible tras un sinfín de operaciones de cirugía estética... Y también conoce a una misteriosa y hermosa mujer, Rain, con la que se obsesiona. Además, desde que llega, y especialmente desde que se involucra con Rain, Clay comienza a recibir mensajes anónimos en el móvil. que le advierten que está vigilado y que tenga cuidado si no quiere terminar mal parado.

Aunque hayan pasado veinticinco años, el estilo entre un libro y otro es muy parecido, y es muy fácil volver a meterse de lleno en esa forma de contarte las cosas de Clay. Si en Menos que Cero éramos testigos de toda esa indiferencia que sentían los adolescentes ricos cuya única diversión en la vida era beber, drogarse y acostarse con el primero que encontraban solo por sentir algo, ahora las cosas no son mucho más distintas; ahora tienen unos cuantos años más, tienen trabajos y responsabilidades, pero siguen igual de perdidos en la vida, añoran esa juventud perdida, y cambiamos ese ambiente adolescente por la superficialidad que rodea Hollywood, y todo a lo que son capaces de llegar tanto los que están a cargo como los que quieren una oportunidad en ese mundo tan siniestro. De nuevo las personas son intercambiables; una vez más casi todos son rubios, bronceados y de blancos dientes, todas las descripciones son iguales porque todos los actores y todas las actrices jóvenes que quieren triunfar son iguales.

Reconozco que al principio me gustó volver a entrar en esa dinámica. De Menos que Cero siempre he dicho que me fascina esa narración, y me alegró comprobar que no había cambiado en Suites Imperiales. Incluso me hizo mucha gracia cómo plantea el autor el inicio del libro: Menos que Cero fue una novela escrita por una persona en el círculo de amistades de Clay, que después fue llevada a la pantalla grande y que los protagonistas fueron a ver (describe a Robert Downey Jr. como "un payaso de cara triste y talento"). Lo encontré divertido pese a que fuera una excusa barata para criticar a la película, que todos sabemos que no tiene nada que ver con el libro más que los nombres de los personajes y poco más.

Pero el problema es que, a medida que avanzaba en la lectura, me daba cuenta de que Suites Imperiales no aporta absolutamente nada y que es una secuela innecesaria. Menos que Cero tenía su razón de ser, era un producto muy de su época, y es algo que reconoces cuando te la lees. En Suites todo lo que se cuece detrás de las bambalinas de Hollywood es algo tan asqueroso como ya te esperas, y no está contado de una forma interesante, es básicamente violencia y sexo gratuitos. Toda la simpatía que le pudieras guardar a Clay se esfuma de un plumazo, y, sinceramente, no apetece mucho ver cómo las mujeres (y algunos hombres, también, pero especialmente las mujeres) son vejadas y tratadas como trozos de carne, y todo el asunto con Julian me sobró bastante porque no le veo el sentido a que Clay haga algo así.

Encima, es una novela corta que no llega a las ciento cincuenta páginas y aun así se las arregla para ser extremadamente repetitiva. Perdí la cuenta de todas las veces que diferentes personajes le advierten a Clay que se aleje de Rain pero sin darle detalles concretos.

La verdad es que me arrepiento de haberme leído este libro porque me ha empañado el recuerdo que tenía de Menos que Cero; hubiera sido más feliz de no saber nunca cómo acaba Julian. Sinceramente espero que RDJ no se acerque a esto ni con un palo.

Nota: 3