viernes, diciembre 08, 2017

Tan Poca Vida

-¿Y quién eres tú? -pregunta al hombre que lo abraza, que le está describiendo a un desconocido, alguien que al parecer tiene muchas cosas, que parece ser una persona encantadora y envidiable-. ¿Quién eres tú? 
El hombre también tiene una respuesta a esa pregunta. 
-Yo soy Willem Ragnarsson. Y no dejaré que te vayas.
Escribo la reseña recién terminado de leer el libro, por lo que mis emociones están todavía a flor de piel; tal vez sería mejor dejar un poco de distancia antes de sentarme a tratar de expresar con palabras lo hundida que me he dejado esta lectura pero después de los últimos días que he pasado con este libro prefiero hacerlo ya, pasa a otra cosa y olvidarme.

Tan Poca Vida sigue a Jude St. Francis, un chico de dieciséis años que va a la universidad después de haber dejado atrás un pasado muy difícil. Allí se hace amigo de sus tres compañeros de habitación: Willem, Malcom y JB, con los que forja una relación de amistad muy profunda, especialmente con Willem. La novela sigue las vidas de estos cuatro amigos desde su época universitaria hasta la mediana edad, en la que los sueños, preocupaciones y dificultades personales de cada uno van tomando forma y moldeando la clase de personas que serán cuando sean adultos.

Tan Poca Vida es uno de los libros mejor escritos que he leído en mi vida. La narración de Yanagihara es increíble, tan hipnótica que es complicado dejar de leer pese a su volumen (más de mil páginas en su edición en español) y al contenido tan duro. Los personajes son tan vivos que calan en ti, y eso es seguramente lo peor de todo porque en el momento en el que les coges cariño leer todo lo que les pasa se convierte en un suplicio. Sí, Tan Poca Vida es exactamente eso, un suplicio interminable.

La autora apenas te da respiro porque es una tragedia tras otra. Los primeros quince años de la vida de Jude, que te van explicando con cuentagotas, son espantosos. Cuando el castigo por robar en el monasterio es lo más light que le sucede durante su niñez, es que tenemos un problema; para cuando te explica su experiencia con el Dr. Traylor estás tan exhausto que no crees que puedas soportarlo más. Jude trata de sobrevivir después de años de graves abusos, y sus secuelas físicas y psicológicas son tan graves que es increíble que sea capaz de levantarse de la cama por las mañanas. La forma en la que tiene de lidiar con su dolor es aterradora.

Por un lado la historia tiene un deje de optimismo, y es mostrar la capacidad del ser humano de luchar, de aferrarse a la vida pese a todas las desgracias que nos encontramos por el camino, pero por el otro... Creo que la escritora dijo una vez que quería escribir sobre un personaje tan increíblemente dañado que nunca iba a poder superar su pasado, a pesar de todo el amor y apoyo que recibe en su edad adulta por parte de sus seres queridos, en particular de Willem. Y creo que por eso si tenía algún mensaje este se acaba perdiendo, porque aunque al principio te invite a reflexionar, después de una tragedia tras otra lo único que te produce este libro son ganas de cerrarlo, acurrucarte hecha un ovillo en la cama y llorar.

Yanagihara hace un retrato realista y terrorífico sobre las consecuencias del abuso infantil: Jude nunca se libra de la creencia de que se merece todo lo que le ha pasado y que es un monstruo, actuando de forma que aparta a los suyos de su lado, consciente o inconscientemente, para convencerse a sí mismo de que nunca le quisieron en primer lugar. Creo que en cada capítulo solté un "cielo santo". 

Pero es demasiado extremo. Llega un momento en el que parece que siguen pasando desgracias solo por el puro sadismo de la autora. El último capítulo casi parece una parodia, como si Yanagihara solo quisiera infligir dolor porque sí.

Por eso me apena darle una puntuación tan baja a una novela tan excepcionalmente bien escrita, pero después de perder un trozo de mi alma, no me veo con corazón de darle más. Haceos un favor y no os acerquéis a Tan Poca Vida: la vida real ya es lo suficientemente miserable de por sí.

Nota: 3'5/5

sábado, noviembre 25, 2017

Calendar Girl #3


Ugh.

La verdad es que desde el principio que no he sido gran fan de esta saga, a los dos primeros libros les puse dos estrellas y después de leerlos me di una pausa larga antes de ponerme con el tercero para respirar un poco. Pero ya que me había leído la mitad decidí que tampoco costaba tanto acabar la tetralogía, porque otra cosa no pero al menos son libros que se leen rápido.

El tercero ha sido superior a mí.

Mia sigue su viaje particular por Estados Unidos para saldar la deuda de su padre, conociendo a nuevos amigos por el camino en los meses de julio, agosto y septiembre.

En julio su nuevo cliente la lleva hasta Miami, donde va a participar en el videoclip de la nueva canción de uno de los artistas hip-hop más de moda del momento, Anton Santiago, cuyas letras tienen el nivel de "dale, nena, dale". Mia tiene dos problemas: uno, que no tiene ni idea de bailar (pese a que en Hawai lo hizo tranquilamente), y dos, que la experiencia con su último cliente la ha dejado tocada.

En agosto viaja hasta Texas para hacerse pasar por la hermana de un magnate petrolífero, Max Cunnhingham, cuyo padre recientemente fallecido dejó en herencia el 49% de su imperio a una Mia Saunders o de apellido similar que comparte la misma fecha de nacimiento que nuestra Mia. 

En septiembre, el padre de Mia empeora de salud y nuestra protagonista no puede cubrir su compromiso con su noveno cliente ya que debe permanecer en Las Vegas. Eso hace que no pueda pagar a Blaine y que este tome medidas para asegurarse de que ella cumpla su parte del trato, y encima, tiene que sumarle su preocupación porque hace semanas que no sabe nada de Wes.

Carlan cambia un poco las tornas en este libro, que contiene una dosis menor de sexo (pero que a su vez es cada vez más chabacano) y se centra en el drama. El planteamiento de julio de hecho me pareció interesante porque tras la experiencia traumática de junio, me alegré de que la autora decidiera explorarlo. Me gustó que no todo los trabajos de Mia fueran de color de rosa y que realmente se encontrara con las dificultades y peligros que puede entrañar una profesión como la suya en la que debe someterse a los deseos de en su mayor parte hombres blancos ricos. Pronto se ve, sin embargo, que el único motivo por el que Mia pasa por ese mal trago es para tener una razón para no acostarse con Anton, del que por supuesto se siente atraída. Luego, en cuanto llega Wes, se le "cura". 
Además, no hay desarrollo casi de la historia de Anton y Heather, casi todo el capítulo es chuscar con Wes o hacer un resumen de los meses anteriores. ¿Cómo no va a acordarse Wes de Tony y Héctor? Y en serio, no hay nada de romántico en la relación con Wes. Es un cavernícola. Me encanta cómo Mia juzga al novio de su hermana por sus actitudes pero luego se lo permite todo a Wes con el que no lleva saliendo ni dos meses.

Después de un julio tan flojo solo cabía esperar que el resto de la novela fuera a mejor. No sucede así.

Agosto es absolutamente surrealista. El "misterio" es absurdo y desde el principio se sabe cuál va a ser el giro, si es que se le puede llamar así. No tiene ningún sentido que Mia no ate cabos ni tampoco cómo se produce la gran revelación. ¿Y me estás diciendo que Max contrató a un detective privado y que sabe todo sobre la vida de Mia excepto que tiene una hermana pequeña? Venga. Max es lo más empalagoso que me he echado a la cara, encima.

Y septiembre... Septiembre se convierte directamente en un telefilm de Antena 3. Es un drama tras otro porque sí, y por mucho que Mia se empeñe en que tiene que hacerlo todo sola, debería haberse tragado su orgullo y pedirle ayuda a Max mucho antes. Lo de Wes es un manolete en toda regla, pero en fin.

Más allá de eso, me molesta mucho toda la palpable misoginia que desprende el libro (lo que le hace la autora a la pobre Gina es repugnante). ¿Y cuántos personajes tienen los ojos verdes en esta historia? 

Los dos primeros libros me entretuvieron mínimamente, al menos porque tenía algunos capítulos más o menos decentes y me gustaban las historias paralelas de algunos personajes secundarios. Esta tercera entrega no tiene nada redimible y he terminado por cabrearme conmigo misma por seguir con esto. Y lo peor es que acabaré leyendo también el cuarto...

Nota: 1/5

viernes, noviembre 17, 2017

Las Marcas de la Muerte


Tras lograr el éxito a lo largo de todo el planeta con Divergente y sus secuelas, la escritora Veronica Roth nos ofrece algo un poco distinto con su nueva saga, que comienza con este Las Marcas de la Muerte. Del futuro distópico pasamos a un emplazamiento de ciencia ficción, eso sí, sin dejar el YA de lado.

En un universo en el que los humanos viajan por el espacio a través de la llamada corriente, en el que gracias a esa energía las personas desarrollan diferentes dones y solo unos pocos agraciados tienen un destino, Cyra y Akos se encuentran en bandos opuestos. Aunque ambos pertenecen al mismo planeta, Thuvhe, sus pueblos son enemigos mortales. Cyra tiene el don de provocar dolor, el mismo dolor que siente ella constantemente, mientras que Akos es inmune a los dones de los demás. Akos ha caído en manos de la familia de Cyra, y es obligado a trabajar para ella, para mitigar su dolor. El hermano de Akos es esclavo del hermano de Cyra, Ryzek, que pretende desafiar a su destino y hacerse con el poder del planeta. Aunque sus caminos parezcan contrarios, Cyra y Akos descubrirán que son más parecidos de lo que creen.

No he leído Divergente ni he visto la película más que un trozo cuando la dieron en televisión, así que este libro es mi primer acercamiento a Roth, y las impresiones no han sido muy buenas. Las Marcas de la Muerte, más allá de las ampollas que ha levantado por su retrato de los shotet y una posible romantización del dolor crónico, no está en ningún momento a la altura de su premisa. Aunque sea un YA de pura cepa (los protagonistas adolescentes que se unen para comenzar una rebelión, destinos que parecen infranqueables pero a los que se rebelan de todas formas, el don especial de cada uno, el romance de turno...) tiene algunos elementos que podrían haber sido interesantes. ¡Viajes por el espacio! ¡Las posibilidades son infinitas! Sin embargo, pronto se ve que el libro tira por los mismos clichés de siempre y que la autora no ha trabajado mucho todo el tema de los viajes por la galaxia. Por ejemplo, durante una buena parte de la novela la protagonista hace hincapié en lo importante que es la travesía para su pueblo, ese momento en el que viajan hacia otro planeta para recuperar tesoros que otros consideran basura. Pues bien, cuando llega el momento de la travesía, casi toda la acción sucede en la nave, y lo que es la búsqueda dura como tres o cuatro páginas. Todo el maldito libro consiste en la corriente, las flores del hielo y la hierba pluma, no hay más.

Roth no es muy hábil para describir los planetas y el mundo en el que viven los protagonistas, y las descripciones no consiguen transportarte a esos escenarios, algo que en fantasía debería ser indispensable. La acción tampoco es muy vibrante y la trama en sí se hace muy pesada. Hay ciertos momentos en los que parece que va a pasar algo chulo pero la narración le quita todo el interés que pueda tener. Y los personajes tampoco son nada del otro mundo, siguen el típico esquema de "soy un monstruo que hace cosas terribles" y "no, yo no te veo así y te amo por lo que eres", con los dilemas morales que cabe esperar. Hay un par de giros hacia el final que son bastante previsibles y encima queda todo abierto porque habrá más libros, claro.

Las Marcas de la Muerte es un libro muy, muy básico. A lo mejor para los más jóvenes que tienen poca experiencia en la ciencia ficción puede que les entre un poco más, pero para un lector con recorrido esta novela es demasiado simplona y lo que es peor, aburrida. Desde luego hay opciones mucho más apetecibles en lo que respecta a la fantasía y/o la ciencia ficción.

Nota: 1'5/5

sábado, noviembre 11, 2017

Pesadilla a 20.000 Pies y otros relatos insólitos y terroríficos

Es curioso que siendo fan del cine de terror, en lo que respecta a la literatura no es de los géneros que más frecuento. Sí, leo mucho a Stephen King, Poe es uno de mis escritores favoritos y he disfrutado como una enana con novelas como Déjame Entrar o Guerra Mundial Z, pero no es lo primero que miro ni mucho menos cuando entro en una librería o en la biblioteca.

Uno de los autores más identificativos del género, del que beben muchos autores de terror modernos como el propio Stephen King que escribe la introducción del libro, es Richard Matheson. Autor de obras como El Hombre Menguante, Soy Leyenda o Más Allá de los Sueños, tiene en su haber un buen número de historias cortas que exploran todo tipo de fenómenos sobrenaturales y miedos varios. Pesadilla a 20.000 pies es una recopilación de algunos de sus relatos más destacables, y una introducción ideal a un autor al que había estado dejando de lado hasta ahora.

El libro se compone de un total de veinte historias cortas, que oscilan entre las diez y las cuarenta páginas y que fueron escritas en las décadas de los cincuenta y sesenta.

-Pesadilla a 20.000 pies: Un hombre toma un vuelo nocturno y ve algo por la ventanilla que le deja helado: un hombrecillo, en el ala del avión, tratando de sabotear el aparato. El problema es que cada vez que intenta avisar a alguien, el hombrecillo desaparece.

La primera historia, que da título al libro, es genial. El momento en el que el protagonista avista a la cosa por primera vez te pone los pelos de punta, y está muy lograda la tensión y la impotencia de no poder avisar a nadie porque todo el mundo le toma por loco. Además me hace gracia leer historias en aviones de estas eras porque los personajes fuman y viajan con pistolas sin ningún problema, qué tiempos, ¿no?

-Vestido de seda blanca: Una niña no puede dejar de entrar en la habitación de su difunta madre, pese a la prohibición de su abuela. Especialmente, se siente atraído por un vestido blanco muy bonito, y quiere enseñárselo a su mejor amiga.

De este relato mola el que esté escrito con la voz infantil de la protagonista, y que no sepas bien bien qué esperar de él. De hecho el final es más o menos ambiguo, y creo que eso le beneficia un montón porque es más inquietante imaginarse lo que de verdad ha pasado en esa habitación y el destino que ha sufrido la pobre de su amiga.

-Hijo de sangre: Jules es un niño muy particular. No tiene amigos, se inventa palabras y ha encontrado una nueva y extraña afición: releer compulsivamente el libro de Drácula y afirmar que de mayor quiere ser un vampiro.

De las mejores historias del libro, Jules provoca una mezcla de compasión y rechazo, y el autor refleja muy bien esa espiral de locura en la que se mete y de la que sabes que muy probablemente no va a salir. El final es la bomba.

-A través de los canales: Un niño explica lo que ha sucedido en su casa, propiciado por un extraño contenido que se transmitía a través de su televisor.

También de las mejores, el formato de diálogo y cómo te cuentan lo sucedido te pone el vello de punta. En el libro pone que muchas de estas historias fueron adaptadas a episodios de The Twilight Zone y este sin duda es perfecto para ello, podría ser el fundador de creepypasta de hecho.

-Guerra de brujas: Siete chicas adolescentes utilizan sus poderes para abatir al ejército enemigo durante la guerra.

Bastante insípida, visualmente seguro que sería más chula que no en papel porque no da tiempo a desarrollar nada. Curiosa y ya.

-Una casa enloquecida: Un escritor frustrado cada día está más enfadado porque toda su casa parece haberse vuelto en su contra.

Tampoco es de las más destacables, aunque el concepto es original: el protagonista cada vez acumula más ira, y cuanto más lo hace, más le sale todo al revés: se le rompen las puntas de los lápices, el hilo dental, los cuchillos no cortan, las alfombras le resbalan cuando camina sobre ellas... Una alegoría sobre el círculo vicioso de la violencia y cómo acabamos afectando a nuestro entorno con nuestro carácter más que al revés.

-El número de la desaparición: Un hombre adúltero empieza a darse cuenta de que la gente que conoce está desapareciendo, empezando por su amante. Pero no es solo que se esfumen, es que es como si nunca hubieran existido en primer lugar.

Seguramente mi historia favorita, está muy bien hilado cómo empieza a desaparecer la gente y cómo sus allegados le toman por loco porque ellos no recuerdan a la gente que supuestamente existía y ya no lo hace. Perturbadora hasta decir basta y con un grandísimo final, aunque no puedo evitar escamarme un poco porque ya son dos historias seguidas de escritores frustrados que guardan rencor a sus esposas porque las consideran culpables de no haber alcanzado el éxito, hm.

-Legión de conspiradores: Un hombre está convencido de que hay una legión que conspira para hacerle la vida imposible.

Creo que muchos nos sentiríamos identificados con el protagonista, especialmente esos malos días en los que nos levantamos con el pie izquierdo y parece que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para sacarnos de quicio, desde el bebé que llora a altas horas de la madrugada en el piso de al lado, el vecino que pone la música a toda pastilla o el pesado en el metro que no para de hacer ruido a nuestro lado. Aunque mejor no llegar a los extremos del protagonista, jajaja.

-Llamada a larga distancia: Una anciana que no puede moverse de la cama empieza a recibir inquietantes llamadas en las que no se oye nada al otro lado, ni siquiera el tono de la línea...

También muy buena, especialmente hacia el final. Nada da más miedo que llamadas en plena noche en las que no se oye nada, creo que Stephen King se inspiró muy mucho en ella para uno de sus propios relatos cortos.

-La casa Slaughter: Dos hermanos compran una casa que lleva años abandonada, sin hacer caso a los rumores que dicen que está encantada. Al poco de mudarse allí, empiezan a presenciar fenómenos extraños.

Historia de terror gótico bastante estándar, se hace un pelín larga. Me recordó un poco al cuento de los hermanos Grimm de las zapatillas rotas de las tres princesas.

-Paja húmeda: Un hombre empieza a tener sueños muy vívidos sobre una granja, oliendo la paja húmeda sobre la que está tumbado y sintiendo la lluvia golpear el cristal de la ventana. ¿Son solo sueños o algo más?

No llega a ocho páginas pero aun así te deja impresionado con ese final tan espectacular. Muy buena también.

-El baile de los muertos: Un grupo de universitarios presencian un baile que está muy de moda entre los jóvenes y que no es apto para corazones sensibles.

Escrita en 1954, me gustan este tipo de historias por la forma en la que los escritores utilizan su imaginación para dibujar un futuro, ya que esta historia está ubicada a finales de los noventa, después de una hipotética Tercera Guerra Mundial. Tiene una estética cyber-punk muy chula y el baile de EVA realmente da miedito, aunque no logré meterme mucho en su atmósfera.

-Los Hijos de Noah: Un hombre sobrepasa el límite de velocidad mientras cruza de madrugada un pueblo diminuto en Maine. Tiene la mala suerte de que es detenido por la policía, pero para su sorpresa no se limitan a ponerle una multa sino que lo encierran en espera de recibir un castigo afín a su crimen.

La historia es genial hasta ese final, que hoy en día no pasaría. Pero se publicó en 1957, así que las connotaciones racistas en aquella época no hubieran hecho pestañear a nadie. Aun así, esa sensación de que algo terrible está por llegar está muy lograda.

-El Hombre de las Fiestas: Un hombre tiene un poder tan extraordinario como terrorífico: es capaz de ver el futuro con asombrosa claridad.

La idea de base es buena, pero en poco más de cinco páginas no da tiempo a desarrollar nada decente, así que de las más flojas del libro.

-Viejos Territorios: Un hombre decide volver a su antiguo apartamento de estudiante y hacer un tour por los recuerdos de su juventud.

Esta me gustó mucho porque también es fácil sentirse identificado con el protagonista. La nostalgia es un arma de doble filo, porque es maravilloso poder recordar aquellos buenos momentos junto a nuestros amigos, amores pasados, locuras adolescentes que una vez vivimos, pero también es doloroso saber que nunca podremos volver a aquellos tiempos y que esa poderosa sensación de saber que tenemos todo el futuro por delante y de que hay millones de posibilidades frente a nosotros se ha convertido en un "mira lo que he hecho con mi vida". Tiene un poco de terror pero es más una historia psicológica sobre remordimientos y tristeza por la juventud perdida.

-El distribuidor: Un hombre se muda a un nuevo barrio. Al poco, empiezan a sucederse todo tipo de conflictos entre los vecinos.

Me hubiera gustado más si tuviera menos personajes, porque para un relato tan corto aprenderse los nombres de todos es muy farragoso y llega un momento que no sabes quién es quién, por lo que se me atragantó bastante.

-Grillos: Un joven matrimonio disfruta de unas agradables vacaciones hasta que un extraño hombre les asegura que es capaz de descifrar el lenguaje de los grillos y que estos hablan de hombres y mujeres muertos que están preparando algo terrible.

También está bastante lograda pese a su corta duración, aunque no me hubiera importado que durara un poco más. Un pelín previsible, pero chula.

-Primer anivesario: Después de su primer aniversario, un hombre empieza a notar cosas extrañas en su mujer. Sabe diferente, huele diferente, el tacto es diferente.

La idea está bien mientras cabe la posibilidad de que sea un problema psicológico del marido, luego el final es bastante meh.

-El semblante de Julie: Un chico nunca se había fijado en su compañera de clase Julie hasta que un día se da cuenta de que no puede parar de pensar en ella. Ahora, está dispuesto a cualquier cosa con tal de tenerla.

Muy desagradable, aun con el giro. No están las cosas hoy día como para leer algo así.

-Presa: Amelia tiene el regalo perfecto para su novio, aficionado a la antropología: una figurita en la que supuestamente habita el espíritu de un temible cazador. Antes de darse cuenta, Julie se ha convertido en la presa del muñeco.

Otra historia que seguramente ha inspirado a películas de terror posteriores, un muñeco corriendo por toda la casa tratando de cazar a la aterrorizada mujer. Se las arregla para ser trepidante y divertida, un buen cierre para la novela.

Juzgar este tipo de libros es difícil porque al ser tantas historias es inevitable que unas sean mejores que otras, pero sí puedo decir que me lo he pasado muy bien leyéndolo y me alegro de haber probado por fin a Matheson, del que espero poder leer algo más en el futuro, algo más largo a ver si se le da tan bien como los relatos cortos.

Nota: 7


sábado, octubre 21, 2017

Lisey's Story

Some things you never forgot. She had come to believe that the very things the practical world dismissed as epehemera -things like songs and moonlight and kisses- were sometimes the things that lasted the longest. They might be foolish, but they defied forgetting. And that was good.
That was good.  
Lisey Landon es viuda desde hace dos años. Su marido Scott, con el que estuvo casada veinticinco años, fue un premiado escritor que murió de una extraña enfermedad mucho antes de lo que le tocaba. Tras todo este tiempo Lisey por fin reúne el valor de revisar los manuscritos en el estudio de su esposo, trabajo tras que el que muchos académicos suspiran. Lisey, que había tratado de mantener alejados los recuerdos del oscuro pasado de su marido y de algunos episodios traumáticos de su matrimonio, se ve engullida de repente en una especie de juego (the stations of the bool, que lo llamaría Scott) en el que debería recordar vívidamente algunos de esos episodios para librarse por fin de la pena que lleva arrastrando desde la muerte de este.

No sé muy bien cómo catalogar esta historia de Stephen King. No me atrevo a decir que es "diferente" a sus otros trabajos porque cada uno es único a su manera, pero tampoco podría decirse que es un libro de terror, aunque tenga elementos del género. A grandes rasgos me ha recordado lo que hizo King con el magnífico 22/11/63: en esencia es un drama romántico, porque es la historia de la vida en común de una pareja durante las décadas que duró su matrimonio, y es fácil ver que hay elementos de la propia vida de King junto a Tabitha (que también tiene un montón de hermanas, por cierto), así que vendría a ser un homenaje a su esposa.

Lisey's Story (aunque es más Scott's story que de ella. ¿Tiene King algún libro en que la excelsa novelista sea una mujer?) es un viaje por el difícil camino del duelo. ¿Cómo superas la muerte de la persona que ha estado a tu lado, tanto a las duras como a las maduras, durante casi treinta años de tu vida? ¿Cómo te acostumbras a ser una sola persona cuando habéis sido dos tanto tiempo? Es más, ¿quieres hacerlo? ¿Quieres dejar atrás a esa persona, pese a lo mucho que significó para ti? Y todavía más difícil resulta dado lo complicado en algunas ocasiones de su matrimonio, especialmente por el bagaje que traía Scott tras una infancia de pesadilla. Creo que la novela funciona mejor cuando desarrolla el drama en sí: el proceso del duelo, las repercusiones del abuso y las enfermedades mentales tanto de Scott como de Amanda, una de las hermanas de Lisey. Las partes en las que Scott le dice a su esposa que ella le salvó de la oscuridad, que estaba ardiendo y que ella le trajo hielo, y cómo Lisey encuentra la forma de despedirse definitivamente son preciosas.

Ahora, creo que el libro me hubiera gustado más sin la parte sobrenatural, porque al final creo que abarca demasiado. El drama, el thriller con el fan desequilibrado que está obsesionado con el trabajo inédito del escritor (todos los personajes de King que se adscriben a estas características podrían montar un club), el "bad gunky", el boo-ya moon... Hay tanto que llega un momento que satura. Además tampoco ayuda que King repita continuamente los mismos conceptos, acaban por agobiar. Es una pena porque además la historia de la infancia de Scott me recordó un poco a la película Escalofrío (que juega un poco mejor con la ambigüedad), y si King hubiera dejado la puerta abierta a la posibilidad de que lo sobrenatural no fuera tal la historia hubiera ganado enteros, en mi opinión.

Lisey's Story presenta elementos comunes a otros trabajos del escritor, como es habitual, entre ellos el tema del fan que mencionaba antes o ese otro mundo que podría perfectamente ser el que vimos en Buick 8. Es un libro interesante con algunos conceptos muy chulos pero que se hace un poco denso y repetitivo. Si no hubiera tenido encima la fecha de devolución de la biblioteca, seguramente hubiera tardado semanas en terminármelo.

Nota: 6'5

jueves, octubre 12, 2017

Ready Player One

Soy una chica (o mujer ya) nacida en los ochenta. Aunque viví mi adolescencia en los noventa, siento una debilidad especial por la década en la que nací. Mi película favorita es de 1987. Adoro las pelis de John Hughes (sobre todo El Club de los Cinco). Casi toda la música que escucho es o bien bandas sonoras de films, o bien canciones de los ochenta. Me considero a mí misma una geek, o friki o lo que me queráis llamar: consumo manga y anime, me gusta el cine de terror, estoy obsesionada con las pelis de Marvel y todavía hoy juego a las aventuras gráficas de mi época, tipo Monkey Island. Me encantan las series tipo Stranger Things que abogan por la nostalgia de forma tan efectiva. Cuando el protagonista describe que el vídeo de Halliday comienza con la canción Dead Man's Party de Oingo Boingo, lo primero que dije fue, mira, este tema sale en Back to School (y lo sé porque mi actor favorito participa en esa peli). Así que este libro debería haberme entusiasmado de principio a fin, pero lo único que ha conseguido ha sido agotarme.

Y eso que el concepto es chulísimo: en un futuro en el que el agotamiento de los recursos ha empobrecido exponencialmente a la población, un revolucionario videojuego permite a cualquiera la opción de evadirse de la existencia de mierda en la que vive y sumergirse en una realidad virtual en la que se puede adquirir la identidad que uno quiera y explorar infinidad de mundos diferentes creados a imagen y semejanza de la cultura pop más icónica del siglo pasado. Este juego se llama OASIS y su creador, James Halliday, estaba obsesionado con los ochenta, de modo que sus jugadores pueden visitar escenarios que recrean a la perfección escenarios sacados de Blade Runner, Dragones y Mazmorras, Regreso al Futuro o incluso (pocas) cosas más modernas como El Señor de los Anillos (las pelis, obviamente), Firefly y un largo etcétera. Al morir Halliday, este desvela que ha ocultado un huevo de pascua en el vasto universo que conforma OASIS, y que el primero en encontrarlo heredará su inmensa fortuna. Pero las pistas que proporciona son tan crípticas que durante años nadie es capaz de encontrar siquiera la primera de las tres puertas que conducen hasta ese jugoso tesoro. Entonces, un chico llamado Wade resuelve el primer acertijo y desencadena una guerra sin cuartel para hacerse con el huevo de Halliday.

Pero ¿no era Wade obeso?

OASIS es el sueño de cualquier geek. Imagina poder visitar los escenarios de tus películas favoritas y vivirlos como si estuvieras realmente allí, o pilotar un mecha gigante, o convertirte en Ultraman. Si eres una chica mola menos porque a excepción de Harry Potter y poca cosa más casi todo son obras creadas por hombres, pero sigue estando guay igualmente. Je, yo sueño con el día en el que de verdad se pueda jugar a meterte en pelis y ser Molly Ringwald en Dieciséis Velas o En el Club de los Cinco. Pero lo que tendría que haber sido un viaje nostálgico y divertido se me hizo bastante cuesta arriba por la necesidad de Cline de explicarlo todo de la forma menos interesante posible. Porque el problema que le veo yo a Ready Player One es que quiere llegar a un abanico muy grande de público, lo cual es lícito y lógico, por supuesto. Así que por un lado está dirigido al lector más mayor que creció en los ochenta y al que le encantará ver referencias a Enredos de Familia, Star WarsFootlose o Dragones y Mazmorras, pero por el otro lado el autor también quiere llegar al lector más joven que desconoce toda esta cultura pop con la intención de descubrirle que las frikadas de los ochenta molan y tal vez hacer que así se interese por películas o canciones que de otro modo pasaría por alto. Y más ahora con cosas como It o Stranger Things, que parece que apostar por la nostalgia ochentera está dando muy buenos resultados. Pero ¿cuál es el problema con eso? Que para el lector que ya se conoce las referencias, el que te tenga que explicar todo se hace muy pesado. No necesito que para cada canción, cada videojuego o cada película me tenga que poner el año de estreno, quién la dirigió, quién lo creó o qué actores salen. No necesito que en las primeras cien páginas Cline tenga la necesidad de explicar seis veces que las máquinas arcade son "antiguas máquinas de videojuegos que funcionaban con monedas". Tampoco necesito cuatro páginas describiéndome escenas de Juegos de Guerra. No conseguía meterme de lleno en la historia, en la búsqueda del huevo, porque cada dos por tres la trama quedaba cortada por explicación tras explicación que a la hora de la verdad no aportaba mucho. Y para el lector jovencito... ¿Es realmente posible sentir nostalgia por algo que no has vivido nunca?

Y Wade, el protagonista, es muy repelente, porque se sabe todos los diálogos de todas las películas de memoria (¡porque las ha visto hasta ciento cincuenta veces!), domina todos los juegos, se sabe cada canción que suena, hasta cosas hiper mega desconocidas. ¿De verdad alguien tan joven ha tenido tiempo de aprenderse todo eso? Además me pareció muy triste que no tuviera gustos propios, porque todo lo que le gusta es porque le gustaba primero a Halliday.

Ready Player One no deja de ser una excusa para que el autor meta mil millones de referencias a todo lo que le gusta y farde de sus conocimientos sobre videojuegos antiguos (que esa es otra, todo lo describe como "una canción antigua", "una película antigua", "un videjuego antiguo"). Y como toma prestados escenarios creados por otros, pues no tiene que currarse mucho los suyos propios. Entre medio de todo eso hay una historia más o menos entretenida con el típico héroe huérfano que vive con su malvada tía y que consigue la gloria gracias a su astucia, perseveración, buen corazón y sobre todo el poder de la amistad, que le llevan a vencer a una desalmada corporación que pretende hacerse con el control de OASIS para privatizarla. Está bien a ratos, y los personajes secundarios, aunque clichés, son cuquis, pero esperaba bastante más.

Ah, y la traducción deja mucho que desear. Una serie live action es una serie de acción o imagen real, señor traductor, no una serie de acción en directo. Si os defendéis con el inglés, ni os acerquéis a la versión en castellano.

Nota: 6

domingo, septiembre 24, 2017

Body Surfing


Sydney tan solo tiene veintinueve años, pero ya ha estado casada dos veces. De su primer marido, un piloto de aviación, se divorció porque no soportaba el miedo a que le pasara algo en su trabajo. Su segundo marido, un médico, murió repentinamente por un aneurisma en el mismo hospital en el que realizaba su residencia. Ahora Sydney trata de decidir qué camino quiere seguir en la vida, así que mientras lo descubre acepta trabajar como tutora de una chica de dieciocho años con problemas de aprendizaje, en la casa en la playa en New Hampshire de los padres de esta. A las semanas de estar allí, los dos hijos mayores de la familia llegan para pasar sus vacaciones, y ambos parecen interesarse por Sydney.

No conocía nada de nada de la autora, pero la sinopsis auguraba un romance complicado, tal vez un triángulo amoroso, y una historia un poco más madura que el tipo de romance que por desgracia siempre termino leyendo. Además me encantan las historias que se desarrollan en la playa, así que tenía números para disfrutarlo. Pero lamentablemente lo que me encontré en realidad fue un libro muy insípido en el que apenas pasa nada y con el que es muy difícil conectar por lo plano y frío que es el estilo de la autora.

La forma de escribir de Shreve es tremendamente sosa. Hay muy poco diálogo, por lo que los personajes apenas tienen personalidad, y en vez de eso la autora dedica una ingente cantidad de texto a describir ropa, complementos, comida o la calidad del tiempo y el agua del océano. Es imposible meterte en el romance entre Sydney y Jeff porque simplemente se juntan después de pasar un par de ratos juntos, en los que no se nos muestra apenas ninguna de las conversaciones que comparten. Luego, cuando pasa todo, cuesta sentirlo por Sydney porque no hemos visto nada de lo que significaba Jeff para ella y viceversa. 

Además tuve que esforzarme mucho en meterme mínimamente en la historia porque Shreve hace separaciones de párrafos que no tienen ningún sentido, separa párrafos que están relacionados e incluso lo hace cuando dos personajes están teniendo una conversación, lo cual es muy molesto. Incluso hace las separaciones con las tres estrellitas que deberían indicar un cambio de tercio y que aquí sobran totalmente porque seguimos en la misma escena como aquel que dice.

Y hay un momento que me sacó bastante de quicio que es cuando Sydney conoce a la novia de uno de los hermanos, y ve que es una chica además de muy hermosa inteligente, generosa y educada, y Sydney viene a decir que sí, es lo suficientemente digna para el hombre. Um, ¿más bien sería al revés?

Lo único que me gustó de esta novela fue la trama de Julie, la hermana pequeña con problemas de aprendizaje, porque su historia de amor es inesperada y muy bienvenida y la chica es adorable. Ojalá todo el libro hubiera sido sobre ella.

Por lo menos es bastante corto y no me ocupó mucho tiempo pero no creo que me acerque a nada más de esta autora.

Nota: 4

domingo, agosto 27, 2017

El Fuego en el que Ardo

Óscar es un adolescente de dieciséis años que vive un infierno desde que sus compañeros de clase se enteraron de que es gay. Insultos, humillaciones y hasta golpes son su pan de cada día, y encima tampoco puede tener respiro en casa porque su padre enfurece a la mínima provocación. Óscar no lo entiende: ¿qué ha hecho él para merecer tanto dolor, tanto sufrimiento? Él no ha elegido ser gay, simplemente lo es. Solo es un chico que quiere importarle a alguien y vivir tranquilo, no cree que sea tanto pedir. 

El Fuego en el que Ardo es el debut como escritor de Mike Lightwood, traductor, blogger y booktuber que si no me equivoco tiene un gran seguimiento en las redes. Mike explica en la introducción que quería plasmar una realidad que ha vivido muy de cerca, no tanto en primera persona, sino más bien a través de otros chicos que ha conocido y que han sufrido una experiencia similar a la de Óscar. Lo primero que quiero decir es que me parece una intención muy buena y muy noble, porque desgraciadamente el acoso escolar sigue estando muy presente en nuestros institutos, con chicos que solo por ser percibidos como diferentes se ganan el rechazo y maltrato de sus compañeros solo porque aparentemente son el blanco fácil, y que por mucho que les digan que es temporal y que el instituto tarde o temprano se acaba, son incapaces de encontrar consuelo. Y es que cuando miras hacia delante, hacia el futuro, y lo único que ves es más de lo mismo, dolor y poco más, llega un momento en el que levantarte de la cama y pensar en afrontar una nueva semana, un nuevo día, se hace totalmente insoportable. Por eso muchos recurren a hacerse daño como Óscar, y tantos otros deciden quitarse la vida. Yo no le desearía una depresión ni a mi peor enemigo.

El libro trata tres temas difíciles como son el mencionado acoso escolar, el trastorno que causa en Óscar que le lleva a autolesionarse y la violencia doméstica por parte de su padre. Aunque esta novela te la venden como que afronta estos aspectos sin tapujos, de una forma realista y diferente, la verdad es que no muestra nada que no se haya visto antes en Glee o cualquier otra serie juvenil. En lo que toca al acoso escolar, no encontramos nada que no esperemos, encima, cómo no, el bully en realidad es un homosexual reprimido que paga sus frustraciones con el pobre chico que no tiene culpa de nada. Lo de los cortes y la depresión me interesa más, ya que es una enfermedad por desgracia muy estigmatizada y menospreciada solo porque "no se ve" y porque "en realidad no tienes motivos para estar deprimido, hay gente que está mucho peor que tú". No es inusual que personas con depresión recurran a la autolesión como mecanismo de defensa: no solo sustituyen el dolor psicológico por el físico, que es más soportable, sino que es una manera de sentir que en esos momentos consiguen recuperar el control de su vida, porque es preferible que nos hagamos daño nosotros a que nos lo hagan los demás. La pena es que podría haber dado mucho más juego del que da, porque en su mayor parte todas las escenas se describen igual (la cuchilla que le roza el muslo a través de la tela del pantalón, el líquido rojo que se desliza por el brazo o la pierna y se mezcla con el agua...) y luego se "cura" demasiado rápido.

Ahora, el tema del maltrato en casa. Además de que creo que ya es meter más drama porque sí, y de que la figura del padre no podría ser más estereotipada, está llevado de una forma realmente confusa. Porque cuando estás leyendo este libro no hay ninguna duda de que el padre de Óscar es un maltratador: le pega frecuentes bofetones a la madre y al propio Óscar, y la hermana mayor de este se fue de casa porque no lo aguantaba más. En Nochevieja, Óscar queda tan turbado después de una de estas escenas de violencia doméstica que vuelve a caer en sus hábitos nocivos. Incluso hay un flashback en el que específicamente se nos enseña que Óscar, cuando tenía siete años, fue testigo de estos golpes y que desde entonces supo que su familia no era como las demás. Entonces no le encuentro ningún sentido a que después del gran momento en el que su padre se entera de que su hijo es gay y los golpee una vez más a él y a la madre, Óscar le pregunte a ella:
-No es la primera vez, ¿verdad?
¿Perdón?

Y en la misma conversación:
-Mira, Óscar, sé que tienen mala pinta, pero no es para tanto. No me maltrata. Es solo que a veces...
-¿Que a veces se le va un poco la mano? -adivino, y ella asiente con la cabeza.
¿Adivinas? Si tú mismo has visto como tu padre la ha golpeado múltiples veces. Me parece un poco chocante que la actitud de Óscar y del autor sea de "márchate de casa antes de que te haga daño de verdad" como si el hecho de cruzarle la cara día sí y día también, anularla y humillarla completamente, chantajearla emocionalmente para que no se vaya y vejar a sus hijos no sea "daño de verdad". 

Más allá de eso está la historia de amor entre Óscar y Sergio, un chico gay de ciudad que tiene una actitud totalmente diferente y que ayuda al primero a aceptarse a sí mismo y a ganar seguridad. Tira un poco por la vertiente del "truluv soluciona todos tus problemas", pero bueno. Es un romance normalito, también dentro de lo esperado. Los personajes son todos un tanto planos, salvando tal vez a Darío, al que tampoco vemos mucho porque tiene su propio libro, y Fer.

El libro está narrado en primera persona del presente, excepto en los flashbacks que están en pasado. Lightwood utiliza un recurso narrativo muy propio de Stephen King que es el de poner pensamientos entre paréntesis en mitad del párrafo, cortando la frase. Se supone que son como los pensamientos más profundos de Óscar, lo que apenas sí se admite a sí mismo, pero en su mayoría no son necesarios y resulta un poco tedioso. Además en algunos casos pone entre paréntesis cosas que dos o tres líneas después aparecen en una frase normal, así podrían no estar perfectamente.

También me gustaría reiterar el tema de la repetición de palabras. Soy muy pesada con esto, lo sé, así que soy consciente de que quejándome de esto soy yo la que me estoy repitiendo, pero es algo muy importante porque un vocabulario variado ayuda a hacer que la lectura sea más fluida. Es muy fácil caer en el vicio de poner las mismas palabras una y otra vez, incluso después de repasarte lo que has escrito una o dos veces se te pasan, pero por eso existe la figura del editor, porque unos ojos frescos ven detalles de los que tú no te das cuenta y que podrían ser perfectamente evitables.

Un ejemplo:
La redacción. Con todo lo que me ha pasado estos días, se me había olvidado completamente. Me encojo en mi asiento y observo a mis compañeros, que se levantan todos para dejar las redacciones sobre su escritorio. Soy el único que no lo hace. Darío me lanza un vistazo al volver a su asiento, pero enseguida aparta la mirada. Me encojo en mi asiento.
Lo mismo pasa con ciertas expresiones, me parece que en todo el libro no hay ni un solo sinónimo para "asentir con la cabeza" o "poner los ojos en blanco". Pero bueno, es su primera novela, estas cosas mejoran con el tiempo.

El Fuego en el que Ardo es una novela juvenil/adolescente en todos sus sentidos. La inclusión de los whatsapps, las ilustraciones en algunas páginas, los fragmentos de canciones al principio de cada capítulo (de artistas tipo Lady Gaga, Demi Lovato, Taylor Swift, canciones de Eurovisión... me hizo ilusión ver a The Smiths pero luego vi que es la canción de Embrujadas, y mira que tienen letras que reflejan la depresión como nadie) y sin olvidarnos de las obligatorias referencias a obras y autores de literatura juvenil como John Green, Crepúsculo o Las Ventajas de ser un Marginado (que imagino que debe ser uno de los libros favoritos del autor). 

Supongo que este libro lo disfrutarán aquellos que puedan sentirse identificados con el protagonista, porque destila un mensaje de esperanza y básicamente anima a no rendirse, que al final lo malo pasa. Si chavales de esa edad se han sentido reconfortados leyendo esta historia, entonces celebro su existencia. Para los que no somos su público objetivo, me temo que no aporta mucho y que hay otros libros de temática similar que están mejor llevados.

Nota: 4'5

miércoles, agosto 23, 2017

Calendar Girl #2

En la segunda entrega de la tetralogía Calendar Girl Mia sigue con sus aventuras como escort en tres nuevos estados y con tres nuevos hombres, decidida a experimentar nuevas sensaciones y a descubrir todavía más qué quiere hacer con su vida una vez este año llegue a su fin y haya reunido el dinero necesario para pagar la deuda de su padre.

En abril Mia viaja hasta Boston, contratada por un famoso  y atractivo jugador de béisbol, Mason Murphy. La joven promesa de los Red Sox tiene imagen de chico malo y necesita a Mia para que se haga pasar por su novia estable y demostrar que sus días de mujeriego empedernido han quedado atrás. Mason es malhablado, socarrón y no trata demasiado bien a las mujeres, aunque Mia pronto se da cuenta de que no es más que una fachada y que, además, está perdidamente enamorado de su publicista, Rachel.

En mayo nuestra escort es contratada por un famoso fotógrafo para participar en una campaña de bañadores con modelos de tallas grandes (que no panda el cúnico, ella es la más delgada). Y su destino no podría ser más de ensueño: ¡Hawái! Entre toma y toma, Mia pasará un mes de miedo junto a uno de sus compañeros modelos, Tai, un hombre samoano de gran tamaño (en todo) que le enseñará un montón de placeres que Mia pensaba que era imposible experimentar.

Y en junio Mia se irá a Washington para ser la acompañante de un adinerado senador sexagenario que necesita a una mujer florero de su brazo para avanzar en una serie de negocios humanitarios en los que está muy involucrado. El único interés que tiene Mia en su cliente es el de hacerle admitir lo mucho que quiere a su ama de llaves, pero por suerte (o por desgracia) para Mia, el hijo de su cliente es un senador joven e increíblemente sexy que parece que le ha echado el ojo.

Este segundo libro sigue en línea con el primero, es decir, mucho sexo y poquita trama. Sí que valoro que haya un poco más de variedad, ya que Mia ya no solo se acuesta con sus clientes y sus intentos de hacer de celestina con los hombres que conocen tienen su gracia. 

Como ya me pasó con el primero, las escenas de cama se me hacen aburridas, porque son más de lo mismo. Además el lenguaje me tira mucho para atrás, por ejemplo cuando está con Tai, este utiliza símiles en plan "tu flor está madura" y luego los mezcla con lenguaje absolutamente soez que no pega nada; o una cosa o la otra, pero mezclar queda fatal. Creo que podría encontrar un término medio que fuera un poco más sexy, o tal vez soy yo que el lenguaje tan bruto no me acaba de convencer. Me pasa lo mismo cuando Mia habla con su amiga, que se llaman zorra y putón y cosas así, y no sé, yo no soy la clase de persona que llama así a sus amigos.

 Y Mia, hija, no sé cómo lo haces que empapas todas tus bragas, qué incómoda debe ir esta muchacha siempre.

De las tres historias me quedo con la segunda, porque Tai es majo y porque en cuanto la acción se ubica en Hawái ya me tienen ganada. Además aquí la autora saca un poco de partido al estado y Mia al menos visita un poco la isla en vez de pasarse todo el rato chuscando. La primera es un poco meh y la tercera tenía potencial porque por una vez se muestra que trabajar de escort entraña su peligro por las expectativas que se forman los hombres para los que trabajas, pero todo se resuelve de una forma muy cliché y además me pareció horrible que después de lo primero que le pasa con Aaron ella diga que disfruta siendo admirada por él. Sis.

Aunque el libro se hace entretenido porque la verdad es que lee rápido (y no me ha entrado mal porque estos días tengo mucho agobio en el trabajo y necesito algo que sea para encefalogramas planos), se hace sumamente repetitivo, incluso más que el primero. La trama romántica con Wes es supercansina, y Mia está dando vueltas una y otra vez a lo mismo, que si es posible un futuro con Wes, que si sobrevivirá su relación con Wes al año, que si Wes tiene un pedazo de su corazón, que si qué cabrón es Wes que se está acostando con otra cuando ella hace lo mismo. ¡Plomo! No me creo que esté tan enamorada cuando cada vez que se le planta un tío bueno delante lo único en lo que piensa es en tirárselo. La verdad, no veo a esta chica en una relación monógama, al menos no con ese tío.

Otro problema que tengo con estos libros es que me cuesta ver la conexión que forma Mia con sus clientes y gente que va conociendo, mucho menos con los que se acuesta, porque o prácticamente tienen sexo y ya, o se pasan el día hablando de eso. 

Y luego está la maldita necesidad de aclararlo todo innecesariamente. Entiendo que algunas cosas las vaya repitiendo porque originalmente esto se publicó en historias que iban de mes a mes, así que está bien refrescar quiénes son Tony y Héctor, por ejemplo, por si alguien lee alguno suelto. Pero cosas como estas me ponen muy nerviosa:

Estamos en junio. Sabemos que su cliente, Warren Shipley, tiene más de sesenta años. Estamos en el mes del susodicho. Pues en una conversación con su tía, mientras hablan de su siguiente cliente (que oye, vuelve a estar buenísimo, que suerte la de Mia), Millie dice:

-¿Me perdonas por haberte mandado a casa del vejestorio?

Uy, me pregunto de quién está hablando, teniendo en cuenta que Mia está viviendo con su cliente que, como ya nos ha quedado claro, es un hombre mayor. Pues justo después de esto la autora dice:

"Se refería a Warren, mi cliente de sesenta y cinco años"

¡Ah, menos mal! Estaba ya confusa pensando en qué otro vejestorio había contratado los servicios de Mia últimamente. 

En serio, me irrita que se trate al lector de imbécil.

Además de todo esto la continuidad necesita un buen repaso porque Mia dice que había estado una vez en Nueva York, con el jugador de béisbol, y que tenía muchas ganas de volver, y unas páginas después dice "Nueva York era todo lo que siempre había soñado, incluso más". ¡Pero si ya has estado! O cuando está en Hawái dice que se pasa la noche bailando y que los hombres miran sus movimientos provocativos embelesados, sin embargo cuando le surge la oportunidad de participar en un videoclip de repente no sabe bailar. Y lo peor de todo, en el primer libro Mia dice que no soporta el olor del whisky, porque le trae muy malos recuerdos de su padre, le pide a Wes que no lo beba, incluso, y en este lo bebe tan alegremente que se pega unas cogorzas de campeonato. Que no es un detalle menor precisamente.

La verdad es que me estoy replanteando el acabar la saga o no. Supongo que sí lo haré porque ya me he leído la mitad, pero es tan repetitivo que no sé ni para qué me molesto.

Nota: 4


domingo, julio 30, 2017

The Bodies Left Behind

The Bodies Left Behind supone mi primer acercamiento a la pluma de Jeffery Deaver, un autor superventas en el género del thriller conocido especialmente por El Coleccionista de Huesos, que tuvo adaptación a película con Denzel Washington en el papel protagonista. The Bodies Left Behind es un título autoconclusivo.

Abril, Wisconsin. La comisaría de policía del condado de Kennesha recibe una llamada de emergencia desde una apartada residencia al lado del lago Mondac. El interlocutor ha colgado a los pocos segundos después de prununciar una única palabra: "This" (esto). ¿Es un error o se ha visto obligado a cortar la comunicación por amenazas externas? La comandante Brynn McKenzie se acerca para comprobar que todo esté bien y se encuentra a los dos dueños de la casa asesinados a sangre fría. Lo peor, que los asesinos siguen allí; Brynn escapará por los pelos, perdiendo su coche y su teléfono, y junto a Michelle, amiga de las víctimas y superviviente del crimen, deberá sobrevivir y escapar de dos criminales dispuestos a lo que sea para borrar del mapa a las testigos.

Deaver nos ofrece una resolución de un crimen un tanto atípica, ya que en vez de centrarnos en el seguimiento de pistas hasta dar con el paradero de los culpables, la mayoría de la acción se sitúa en una misma noche, en una persecución trepidante en la que Brynn y uno de los asesinos, Hart, ambos inteligentes y llamados a la acción, van ideando trampas y planes para engañar al otro y salir victoriosos. La trama tiene buen pulso y tiene varios momentos en los que tienes que pasar de página rapidísimo para ver cómo se va a solucionar lo que acaba de pasar, aunque por otro lado trescientas páginas de persecución en un bosque de noche se hacen un poco pesadas. La verdad es que tengo un imán para cogerme libros en inglés cuya acción transcurre en bosques, con todo el vocabulario forestal que ello comporta; al principio buscaba en el diccionario la traducción de las plantas y árboles que no conocía pero ya ha llegado un momento que me da igual, se puede entender perfectamente por el contexto.

Una de las cosas que más me gustó fue la relación que se va estableciendo entre Brynn y Michelle, que son dos polos opuestos: la policía ruda acostumbrada al mundo rural y la chica pija que se pasa el día en el gimnasio o tomando té con sus amigas. A medida que transcurre la noche esa relación se va estrechando, obligadas a colaborar para sobrevivir, y es gracioso ver como Hart y Lewis se sentían frustrados por no ser capaces de poder con dos mujeres. Los dos asesinos tienen una evolución similar, haciéndose cada vez más amigos mientras colaboran juntos para cerrar todos los cabos sueltos. Una parte del giro que se da al final de esa noche es totalmente predecible, pero la otra no me convenció en absoluto porque creo que el autor se carga todo el build-up que había hecho hasta el momento.

Y luego está el caso de Hart, que se supone que es este asesino frío, calculador que está obsesionado con el control (como Brynn) y que luego comete unos errores garrafales. Tiene un montón de oportunidades de matar a Brynn y a Michelle y las desaprovecha todas, aunque lo mismo se puede decir de Brynn.

El libro cuenta con otros personajes, que también aportan lo suyo a la trama. Tenemos a Graham, el marido de Brynn, y a Joey, el hijo de esta. Por supuesto, como Brynn es una policía tenemos el obligatorio drama del hijo rebelde y del marido que no lleva bien que su mujer dedique tanto tiempo al trabajo, y de la que se podría prescindir totalmente. También tenemos a un poderoso hombre de negocios que podría estar detrás del asesinato de la pareja, su matón a sueldo (el personaje más interesante de lejos, lástima que no salga más) y los compañeros de Brynn. La mayoría de personajes no son lo que parecen y se nos van desvelando sus secretos poco a poco.

A partir de que termina la noche el resto del libro ya sigue el desarrollo esperado, en el que Brynn descubre los verdaderos motivos del crimen, que son bastante decepcionantes. Y el final es tremendamente anticlimático y demasiado conveniente. 

En global no es un mal thriller, te mantiene en vilo en buena parte de su lectura y el juego del ratón y el gato entre asesinos y fugitivas es interesante. La pena es que el autor lo estropea con giros innecesarios, con drama lleno de clichés que no aporta nada (y en serio, ¿cómo puede Brynn referirse al maltratador de su ex como "charming"? Se nota que esto lo ha escrito un hombre) y especialmente con ese final tan perezoso. 

Nota: 6'5

jueves, julio 20, 2017

La Chica del Tren

De vez en cuando pasa que un libro, por motivos a menudo desconocidos, se convierte en un fenómeno de la noche a la mañana. Tooodo el mundo decide que necesita leerlo, así que de repente empezamos a ver en el metro a un montón de gente con el mismo libro en las manos. Fue el caso de Millenium, o de El Código Da Vinci, y también lo fue de La Chica del Tren. También suele pasar que en la mayoría de estos casos, por no decir todos, la calidad tiene poco que ver con la popularidad de la novela.

La Chica del Tren tiene como protagonista a Rachel, una mujer de 32 años cuya vida se está viniendo abajo. Su marido la dejó por otra, ha perdido el trabajo, se ve obligada a compartir piso con una antigua amiga que cada día está más harta de ella y además es alcohólica. Su único consuelo es coger el tren hacia Londres cada mañana, ya que desde la ventanilla le gusta mirar la casa en la que vive un joven matrimonio que para Rachel encarna la pareja perfecta. Rachel incluso les ha puesto nombres y se ha inventado una vida para ellos. Entonces, un día ve desde el tren que la chica de la casa está con otro hombre que no es su marido, y pocos días después la chica desaparece. Cuanto más conoce sobre ellos, más evidente es que no eran ni mucho menos tan perfectos como ella deseaba que fueran y, contra sus instintos, Rachel termina involucrándose de forma personal en un caso que no tiene vistas de terminar con final feliz.

La novela está narrada en primera persona desde el punto de vista de tres mujeres. Rachel, Megan (la mujer de la casa, ahora desaparecida) y Anna, la actual esposa del ex-marido de Rachel. Rachel y Anna narran desde el presente y Megan lo hace comenzando unos meses antes de su desaparición. No es una narración confusa, pero sí que es verdad que las tres voces son bastante similares las unas de las otras.

En la película la acción se traslada a Nueva York

Entre las tres van ofreciendo diferentes piezas del puzzle que se va completando a medida que avanza la trama. La Chica del Tren engancha, y es una lectura muy ágil y simple por lo que las páginas pasan volando, pese a que los personajes son todos muy miserables y que en general es una historia muy pesimista. ¿Y el misterio? Muy predecible. Hacia la mitad del libro queda ya muy claro lo que ha pasado, así que el final es un poco anticlimático. Con todo el hype que tiene esta novela, esperaba alguna sorpresa o algo más original, pero Paula Hawkins no es precisamente Gillian Flynn.

Lo mejor de La Chica del Tren es el intrigante comienzo, cuando Rachel se monta sus propias películas en la cabeza sobre la pareja que espía por la ventanilla del tren. También está muy bien llevado el tema del alcoholismo de Rachel. Fuera de eso, Rachel involucrándose en la trama y especialmente el hecho de que todos los personajes estén relacionados hacen que la cosa pierda mucho fuelle, porque el misterio termina por no ser nada del otro mundo. Entretenido, pero ni de lejos la pasada de thriller que se supone que debería ser.

Nota: 6'5

miércoles, julio 19, 2017

Calendar Girl #1

Mia es una chica de Las Vegas de veinticuatro años que necesita dinero desesperadamente: su padre le debe un millón de dólares a un prestamista (ex de Mia, para más inri) y ha recibido una paliza de muerte por no poder devolver el préstamo. Si Mia no consigue ese dinero, su padre y su hermana pequeña podrían morir, así que no tiene más remedio que aceptar la propuesta de su tía Millie y convertirse en escort de lujo. El trabajo consiste en ser la acompañante de un adinerado hombre durante un mes, y, aunque acostarse con ellos no es obligatorio, Mia sabe que es posible que tenga que hacerlo.

Por suerte para ella, todos sus clientes son guapísimos, están realmente bien dotados y les encanta el sexo oral (¡darlo!). Mia está a punto de descubrirse de la mejor manera posible.

En general no soy muy fan del género erótico (el hetero, al menos), porque me aburre que un libro sea solo sexo y poco más. ¿De cuántas maneras distintas puedes decir que te soban los pechos o que te hacen un cunnilingus? De vez en cuando, por eso, me animo a leerme uno de estos libros populares a ver si encuentro el que me haga cambiar de opinión con respecto al género, pero una vez más, no ha sido el caso.

Calendar Girl tiene una premisa bastante prometedora: doce meses, doce ciudades (aunque no le saca nada de partido a los cambios de localización), doce hombres con los que experimentar cosas nuevas. Y lo que es la intención de la novela está realmente bien, me gustó eso del viaje personal de la protagonista, que aprende algo de cada uno de sus clientes y que poco a poco va creciendo como persona, madurando y conociéndose a sí misma, a la par que disfruta de una forma sana y libre de su sexualidad y de su cuerpo. Lo que pasa es que a la hora de trasladarlo a las páginas no acaba de funcionar, porque el personaje no está bien perfilado: Mia no para de repetir que ella no es como las otras chicas, porque a ella no le gusta ir de compras (aunque luego diga que está en el ADN de todas las chicas el amar los zapatos, especialmente si eres una tía buena...), va en vaqueros y camisetas de tirantes y adora su moto. En más de una ocasión menosprecia a otras mujeres porque sí, metiéndose con su coeficiente intelectual cuando ella misma dice que ella tampoco es una lumbrera. Es muy veleta y se ofende por cosas que no vienen a cuento, por ejemplo cuando su tía le dice que su segundo cliente es un artista y que le pagará un plus porque quiere que pose desnuda para él, y luego cuando él paga ese plus ella se enfada. Y tampoco queda claro por qué todos los hombres se vuelven locos por ella y la tratan como si fuera la mujer más especial del universo cuando casi lo único que tiene es que es guapa y que tiene un buen par de tetas. Me cuesta ver a esa mujer independiente y valiente que coge el toro por los cuernos que debería ser Mia.

Otro aspecto que me chirría es el del romance. No me importa la idea de que Mia encuentre el amor en uno de esos doce hombres, es lo esperado, de hecho, pero me parece un error que ya forme un vínculo tan fuerte con el primer cliente. Primero porque ese supuesto amor sale de la nada, ya que lo único que hacen ella y Wes es practicar el sexo y algunos días surfear (ah, sí, es porque Mia no es como las otras chicas, que son totalmente dependientes y necesitan la atención de un hombre 24/7). Y segundo porque no me sirve que Mia siempre esté a todas horas recordando con añoranza a Wes, echándolo de menos, lamentándose de lo que no puede tener, y luego en cuanto tiene al siguiente tío bueno delante se olvida completamente y empieza a babear.

En este primer libro conocemos a los clientes de enero, febrero y marzo. Enero es Wes, un guionista de cine aficionado al surf rubio, musculoso, que está como un tren y que es un dios en la cama. Febrero es Alec, un pintor y fotógrafo francés que se parece a Ben Affleck solo que con el pelo largo y barba, que está buenísimo y que es un dios en la cama. Y marzo es Tony, el dueño de una famosa cadena de restaurantes italianos, boxeador, que es la perfección masculina y que es un dios en la... No, wait, con este, para decepción de Mia, no puede acostarse.

Marzo es la mejor historia de lejos. Enero y febrero se los pasa chuscando con sus clientes, así que trama hay poquita. La tercera, por suerte, cambia de tercio y aunque la autora tiene que meter sexo por fuerza, también tiene mucha más libertad para mostrar la relación de amistad entre Mia y sus clientes y conocerlos al margen de si son buenos en la cama o no. La verdad es que la historia de Tony y Héctor es una monada y me gustó mucho su resolución.

Calendar Girl es bastante entretenido y fácil de leer, aunque no deja de ser repetitivo porque las escenas de sexo tampoco aportan mucha novedad unas de otras y le quitan espacio a lo que es la trama en sí. Glamuriza en exceso la vida de escort de lujo (dudo mucho que en la vida real sean hombres así los que contraten esos servicios), pero tampoco esperaba un retrato realista sobre las penurias por las que tiene que pasar una mujer que se ve obligada a vender su cuerpo para sobrevivir, así que nada.

Imagino que leeré las siguientes entregas, a ver si hay un poco más de variedad con sus siguientes clientes.

Nota: 5