sábado, enero 07, 2017

Descansa en Paz

Déjame Entrar es una pasada. En su primera novela John Ajvide Lindqvist logró darle una vuelta de tuerca al manido género vampírico y demostró el talento que tienen los escritores nórdicos para crear historias que te atrapan en su lograda ambientación, haciéndote sentir en tus huesos el miedo, la anticipación y, sobre todo, ese frío que te envuelve y no te suelta.

De modo que tenía muchas ganas de comprobar si el autor sería capaz de hacer lo mismo con el género zombi, así que cogí Descansa en Paz, su segundo libro, con mucha ilusión... y me llevé el chasco porque se queda muy, muy lejos de Déjame Entrar.

Es 13 de agosto en Estocolmo, hace un calor realmente inusual y algo extraño está pasando: la gente no puede apagar ni las luces ni ningún aparto eléctrico. Cuando por fin pasa este extraño fenómeno y todo parece volver a la normalidad, sucede algo todavía más terrible: los muertos se han levantado y quieren volver a casa.

El libro sigue a tres familias afectadas por este fenómeno. Tenemos a David, un humorista, que acaba de perder a su esposa Eva, una de las fallecidas más recientes en despertar, y que no sabe cómo explicárselo a su hijo pequeño, Magnus. Luego tenemos a Elvie, una anciana, y su nieta Flora, una adolescente aficionada al Resident Evil, que siempre han padecido una intensa sensibilidad extrasensorial que se ve magnificada después de dichos sucesos. Tras recibir la visita de su marido muerto, Elvie, una cristiana devota, cree que ha llegado el fin del mundo que vaticina la biblia y quiere hacer algo antes de que sea demasiado tarde. Flora, que rechaza todas esas creencias, solo desea que todo cambie para siempre. Y finalmente tenemos a Mahler, un periodista, y su hija Anna, destrozados tras la muerte del pequeño Elias, el hijo de esta. Haciendo caso omiso de las medidas del gobierno, Mahler desentierra a Elias, o lo que queda de él, y deciden esconderlo.

Además de la narración desde este grupo de personas, también se van intercalando recortes de prensa, fragmentos de programas de televisión y radio y comunicados oficiales en los que atisbamos cómo reacciona Estocolmo después de un suceso de tal magnitud.

El libro empieza genial, las cosas como son. Cuando empiezan a despertar los muertos es muy intrigante y te deja con ganas de saber cómo reaccionarán sus seres queridos, qué consecuencias acarreará para la sociedad y qué medidas tomará el Gobierno para controlarlo. Por ejemplo las partes con el pequeño Elias son espeluznantes, cuando su abuelo va a buscarlo, sin atreverse del todo a tener esperanza de que haya despertado y empieza a oír los arañazos en el ataúd, hasta que por fin lo saca y se encuentra algo que no se parece en nada al nieto que él recordaba. En algunos puntos recuerda a Cementerio de Animales de Stephen King.

Pero, lamentablemente, después de un inicio tan prometedor el libro se desinfla como un globo. Y el mayor problema que tiene es que no acaba de estar claro qué pretendía hacer el autor: si escribir una novela de terror, si escribir un drama sobre cómo te golpea la muerte de un ser querido y lo difícil que es de aceptar, o un estudio sobre cómo reaccionaría la sociedad de una ciudad como Estocolmo si de repente se levantaran sus muertos. Puede que quisiera mezclar las tres cosas, pero al hacerlo ninguna de las tres termina por despegar y por eso el libro pierde fuelle.

Tampoco ayuda que las tres historias no sean igual de interesantes. La mejor es la de Mahler y su hija y nieto, pero hacia el final Mahler pierde toda la utilidad y la historia pierde todo el interés que tenía. La de David y su mujer es correcta, y tiene el momento del conejo que es impactante, y la de Elvie y Flora es bastante insulsa, además tiene toda la parte de Peter que realmente no tiene ningún propósito dentro de la trama global y no aporta nada de nada. 

En general el libro no está bien resuelto, la historia de Flora y Elvie tiene un final muy abrupto y las otras dos tiran por lo fácil, así que cuando te lo terminas te deja la sensación de que el libro se quedó a medias y que el autor no sabía bien cómo cerrarlo. Y como libro de zombis tampoco es especialmente reseñable porque los muertos vivientes no hacen casi nada, así que salvo un par de escenas no podría decirse que estemos ante un libro de terror. Y no sé si seré la única, pero el hecho de que estuviera ambientado en agosto y en plena ola de calor le quita mucho encanto a situar la historia en Suecia, la verdad.

Realmente decepcionante.

Nota: 5'5