domingo, octubre 23, 2016

Buick 8, Un Coche Perverso

Seguimos con la kilométrica bibliografía de Stephen King (me he puesto de objetivo leer unos cinco-seis libros del escritor al año, y algún día me pondré al día, espero...) y en esta ocasión le ha tocado el turno a Buick 8, un coche perverso, del cual no tenía grandes expectativas y me ha sorprendido bastante.

Ned Wilcox es el hijo de un policía que murió en servicio unos meses atrás. Desde entonces, todavía confuso y dolido por la muerte repentina de su padre, Ned se pasa todas sus horas libres en la comisaría en la que trabajaba este, como si así pudiera entender un poco mejor por qué algo tan terrible tuvo que suceder. Los antiguos compañeros de su padre le cogen tanto cariño que le ofrecen trabajar con ellos en prácticas el verano antes de marcharse a la universidad, y es entonces cuando el Capitán, Sandy Dearborn, le explica el secreto que han guardado durante décadas: en 1979, un hombre vestido de negro aparcó su Buick del 54 en una gasolinera para repostar. El conductor fue al baño y desapareció sin dejar rastro. Los troopers, uno de los cuales era el padre de Ned, se llevaron el coche a su comisaría en Pensilvania y lo guardaron en un cobertizo. Pronto se dieron cuenta de que algo siniestro se ocultaba en ese coche, y su presencia les acompañó año tras año, mostrándoles cosas que ningún ser humano era capaz de comprender, amenazándolos con su presencia maligna, y obsesionándolos y fascinándolos hasta extremos peligrosos...

Buick 8, un coche perverso no es exactamente uno de los libros más queridos de King, al contrario, viendo los ratings y comentarios en GE, mucha gente lo encuentra denso y casi aburrido porque no pasan muchas cosas. Sí es verdad que no es de los más dinámicos del escritor, pero a mí me mantuvo el interés hasta el final y creo que King hace un buen trabajo reflejando esa presencia constante e imprevisible de ese coche que no es exactamente un coche y que está esperando el momento justo para actuar y llevarte al otro lado.

Mezclando el terror con la ciencia ficción, Stephen King utiliza una narración muy de serie de televisión, alternando el presente con el pasado (el THEN - NOW que utilizan las series para mostrar los flashbacks que tienen que ver con el presente más de lo que parecía en un principio), y a medida que avanza la historia Sandy deja de ser el único narrador para ir incorporando al resto de personajes que también participaron en la historia.

De este modo, tanto a Ned como al lector le van explicando todo el tipo de terribles sucesos que vivieron con esa cosa en el cobertizo, desde los festivales de luces, pasando por misteriosas desapariciones de personas o animales, hasta la llegada de criaturas espeluznantes que parecían venir de otro sitio, inhóspito y aterrador... En algunos puntos es un pelín repetitivo, porque todos los personajes describen más o menos igual las sensaciones y los olores, pero no se hace demasiado molesto.

Sí que es verdad también que al estar narrado de esta forma se pierde un poco el misterio de quién muere y quién no a causa del coche, pero, como es de esperar, la historia todavía no ha terminado y el coche todavía sigue dando guerra, aunque King ya te avisa desde el principio que todo lo que rodea al misterioso Buick es uno de esos misterios que no se llegan a resolver jamás, por lo que el final, aunque es cerrado, sí que puede dar un poco de sensación insatisfecha.

También es destacable que para esta vez Stephen King se aleja de su Maine de siempre y ubica la historia en Pensilvania, narrándonos cómo es el trabajo de los troopers que se juegan la vida cada día e incluso incluyendo anécdotas y situaciones reales que estos le proporcionaron para darle más veracidad a la historia. Los personajes están bien dibujados y son creíbles, tanto en su forma de hablar como en sus reacciones ante todo lo horrible que han tenido que presenciar.

Buick 8, un coche perverso no estaría entre las obras maestras de King pero sí es un libro muy notable dentro de su extensa obra que me mantuvo en vilo y casi con los pelos de punta hasta el final, lo cual tiene mucho mérito porque la premisa en sí no parece que vaya a dar para mucho.

Eso sí, leyendo este libro me di cuenta de la obsesión que tiene Stephen King por coches asesinos (obsesión que parece haber heredado su hijo). Ahora, ¡a por Christine!

(Y por cierto, un poco después de comenzar a escribir este libro, cuando tenía el primer borrador terminado, King casi se mata en un accidente de coche... Algunas casualidades son realmente inquietantes)

Nota: 7.75