
Pero después de la trágica muerte de su madre, ¿cómo vivirá An sus siguientes años, el amor que siente por Daigo, sus amistades, el instituto, el trabajo, el matrimonio...? ¿Podrá An superar la pesada carga que va a llevar sobre los hombros desde el invierno de los doce años?
Reloj de Arena, desde que comenzó a publicarse, se ha ganado la fama de ser un shôjo más adulto del tipo de mangas del género que suelen llegar a España y por eso a la hora de recomendar este título aparece en casi todas las listas. Efectivamente este manga de Hinako Ashihara ofrece todo ello por lo que es tan famoso; es un manga bastante introspectivo, que ahonda mucho en la psicología de los personajes, personajes que crecen, cambian, maduran, sufren, tienen alegrías y se equivocan y eso los hace ser cercanos y bastante realistas. En mi opinión el mayor acierto de este manga se trata en el desarrollo personal de los personajes en el sentido que no vemos únicamente un romance de instituto entre An y Daigo, sino que los vemos lidiar con sus sentimientos cuando son adolescentes y también cuando son adultos, además de que también se agradece que pese a que el romance sea una parte primordial del manga, también se reflejan otras preocupaciones como la amistad, la familia o el trabajo.
Pero también opino que Ashihara de algún modo se queda a medio camino de lo que pretendía contar con esta historia. Y es que los mayores defectos de este manga son dos; en primer lugar, aunque empieza siendo la historia de cuatro personajes centrándose siempre en An, llega un momento en el que, cumplidos sus papeles, Fuji y Shiika prácticamente desaparecen y cuando salen son más para cumplir que otra cosa. Siendo como son dos personajes bastante más interesantes que An y Daigo, el manga se resiente bastante cuando ellos pierden toda su razón de ser. En segundo lugar, además de la resolución de la primera trama presentada que es una auténtica tomadura de pelo, está el tomo 8. El tomo 8, que es el tomo que da punto y final a la historia principal (los tomos 9 y 10 son historias de otros personajes), es el clímax de casi quince años en los que An ha arrastrado el trauma de su madre y por fin somos testigos de la manera en la que la protagonista va a poder seguir adelante, o no, con ello. Y Ashihara realmente consigue hacer un tomo intenso con una resolución bastante realista y satisfactoria... hasta el final. Cuando terminé de leer el octavo tomo, no pude evitar pensar que Ashihara había sido muy cobarde y no se había atrevido a terminar su manga con el final más realista que podría haberle dado, y es una pena porque parece que todo lo que ha sucedido durante toda la historia haya sido para nada.
