
El modesto pueblo de Longbourn, en Inglaterra, se agita de emoción cuando el apuesto, adinerado, y lo más importante, soltero Charles Bingley decide alquilar una casa en la localidad. Ipso facto todas las familias se pondrán en movimiento para que una de sus hijas contraiga matrimonio tan conveniente. Entre una de esas familias se encuentran los Bennet, que cuentan con cinco hijas solteras que su madre espera casar muy pronto.
El señor Bingley parece tener afinidad con la mayor de las Bennet, la dulce Jane, mientras que el amigo íntimo de Bingley, el señor Darcy, más adinerado incluso pero orgulloso y distante lo que le hace ser bastante desagradable, posará sus ojos sobre la segunda de las hermanas, Elizabeth.
Orgullo y Prejuicio podría haber pasado como una novela romántica más, pero no lo es en absoluto. Y su gran virtud es la gran construcción de personajes que hace Austen, su agilidad en diálogos y situaciones, y su exquisitez a la hora de tratar el amor, que en ningún momento llega a ser cursi ni excesivamente dulzón.
La novela está narrada principalmente bajo el punto de vista de Elizabeth, un personaje excelente cuyo relativo cinismo y mirada crítica le llevan a desarrollar una antipatía por el señor Darcy, el otro gran personaje de la novela, resultando fascinante cómo se van formando los sentimientos entre ambos, especialmente en el caso de Elizabeth, cuya profunda antipatía se va transformando gracias a la evolución en el carácter de Darcy. Hacía tiempo que no sentía tanta ansiedad por saber si una pareja terminaba bien o no, cosa que resulta obvia desde el principio, pero que no le resta interés.
Pero aunque la relación entre Elizabeth y Darcy sea realmente lo más interesante del libro, tampoco hay que olvidarse de los otros personajes, como es el caso de la dulce y bondadosa Jane, el generoso señor Bingley, las arpías de sus hermanas, el deliciosamente estúpido señor Collins, la altiva Lady Catherine de Bourgh, los agradables señor y señora Gardiner o el espectacular señor Bennet.
Una novela romántica excepcional para la que no ha pasado el tiempo, escrita hace dos siglos, sigue siendo una historia increíblemente moderna que no ha envejecido en absoluto.
Impresicindible.
Nota: 10