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domingo, agosto 20, 2023

Missing parts

Lucinda Berry es una escritora muy valorada por los aficionados al thriller de modo que tenía ganas de hincarle el diente a alguno de sus libros. Para no complicarme mucho empecé por el principio con el que es su primera obra publicada, Missing Parts, que no es de sus trabajos más populares. 

La vida organizada de Celeste se viene abajo cuando su hija de cuatro años Rori cae gravemente enferma. Mientras los médicos tratan de encontrar qué le pasa a la niña, que se deteriora rápidamente, un secreto que Celeste había guardado celosamente durante años sale a la luz y destruye todo por lo que había trabajado tan duro para conseguir.

A menudo las expectativas nos juegan una mala pasada a la hora de afrontar una lectura y eso es lo que me pasó a mí con este libro, que está catalogado como thriller cuando no lo es. Incluso lo comparan con Perdida cuando no tienen absolutamente nada que ver. Aquí estamos más bien ante la historia de una mujer cuya vida se desmorona completamente, y una exploración de lo que es el trauma no tratado, empezando por la infancia de Celeste cuando su padre los abandonó y ella se prometió a sí misma que sería una persona independiente que se guardaría todo para sí misma para no disgustar más a su madre.

La novela tiene algunas cosas interesantes, pero no termina de sacarle jugo del todo a ninguna. Por ejemplo, me intrigó mucho el principio cuando Celeste relata esa falta de conexión con su pequeña, incluso cuando esta cae enferma. El fenómeno de madres que no son capaces de conectar con sus hijos me parece muy interesante pero Berry toma un camino que no terminó de convencerme.

El libro se divide en dos partes, la primera cuando la niña cae enferma y el matrimonio de Celeste empieza a hacerse añicos cuando se descubren unas cuantas verdades, y la segunda parte es Celeste tratando de salir adelante tras un colapso mental. Esta parte es un poco más lenta, y de nuevo digo, si no lo hubieran vendido como un thriller probablemente me hubiera gustado más cómo enfoca Berry todo el colapso psicológico de Celeste y cómo poco a poco va comprendiendo que la coraza que llevaba tanto tiempo puesta le estaba haciendo mucho más mal que bien.

¿Misterio? Casi anecdótico. Celeste se refiere continuamente a "That night" en la que pasó algo que nunca le ha contado a nadie y que es evidente, así que sorpresas pocas. Tampoco es una novela que vaya a despertar simpatías por sus protagonistas, Celeste toma muchas decisiones cuestionables y David, su marido, está escrito de tal forma que únicamente suscita antipatía, creo que un poco más de matiz le hubiera beneficiado porque tal y como está escrito parece una caricatura.

Así que para el que quiera estrenarse con la autora buscando un thriller psicológico de los que te incitan a seguir leyendo esta no es una buena opción. Seguiré leyendo a la autora porque estoy segura de que es tan buena como dicen y todavía me queda mucha obra por delante por disfrutar de ella.

Nota: 2.5/5

sábado, enero 18, 2020

El cuento número trece

Una de las mejores cosas de ser amante de la lectura es esa sensación de anticipación cada vez que abrimos un libro nuevo por la primera página. ¿Me gustará este libro? ¿Me enamoraré de sus personajes? ¿Lo recordaré por mucho tiempo o lo olvidaré nada más terminarlo? No todos los libros nos provocan los mismos sentimientos, y desde luego no todas las veces nos damos cuenta de lo especial que es el viaje que estamos a punto de emprender en cuanto empezamos a leer; con El cuento número trece, lo supe de inmediato.

Esta es la primera novela de Diane Setterfield, profesora de literatura francesa. Nadie lo diría, puesto que para ser un debut, su trabajo es excepcional. En El cuento número trece, la protagonista es Margaret Lea, una biógrafa aficionada que recibe el encargo de escribir la historia de una las escritoras británicas más prolíficas y leídas, la enigmática Vida Winter, que jamás ha contado la verdad sobre su vida. Intrigada por los extraños relatos de la señorita Winter, Margaret se va metiendo cada vez más y más dentro de la mente de una mujer que quiere expiar sus pecados antes de morir.

Desde el principio queda patente que esta novela no es ya un homenaje, sino que es directamente una carta de amor a la literatura clásica, en especial al suspense/romance gótico de las Brontë y similares. Estamos ante una historia dentro de una historia, en la que una compleja trama familiar se entreteje con hebras de todos esos elementos que plagan las páginas de esas obras inmortales: amores enfermizos, celos, traiciones, desesperación, intrigas, misterios y relaciones familiares intensas y sumamente complicadas. La forma en la que Setterfield nos va desvelando poco a poco la historia de la familia Angelfield/March a través de los recuerdos de la señorita Winter y cómo Margaret se va implicando en ella y sacando sus conclusiones es magistral. Debo decir que comprendí hacia dónde se encaminaba al mismo tiempo que Margaret y me gustó tanto cómo lo hizo la autora que todavía no había terminado la novela y ya tenía ganas de volver a leérmela para ver de nuevo todas las pistas.

La forma de escribir de Setterfield es maravillosa. Se nota que toda su vida se ha empapado de palabras y cada frase es una demostración de lo mucho que ama los libros. Es una prosa tan exquisita que invita a saborearla como uno de esos chocolates calientes que tanto le gustan a Margaret, y sus personajes son asimismo inolvidables: Margaret y su propio bagaje familiar, las gemelas Adeline y Emmeline, el jardinero John the Dig, la señora Dunne, la avispada institutriz Hester, el gigante bonachón Aurelius, incluso el doctor Clifton, que receta leer a Sherlock Holmes para subir el ánimo. 

El cuento número trece es una novela cautivadora que nos recuerda por qué la lectura es uno de los mayores placeres de esta vida. ¿El único inconveniente, aparte de la pena de haberlo terminado y de no poder acompañar más a Margaret y a la señorita Winter? Que tengo una pila de libros por leer kilométrica y por culpa de Setterfield me muero por ponerme a leer clásicos. En fin. Ojalá todos los problemas fueran como este.

Nota: 5/5